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Los satélites del Ejército de Estados Unidos

Los satélites del Ejército de Estados Unidos

Hubo un tiempo en el que el GPS no era tan libre. Uno podía tener un dispositivo muy caro que le decía en qué parte del planeta se encontraba. Pero el gobierno de Estados Unidos, dueño de este sistema de satélites de posicionamiento, no dejaba que la exactitud fuera un asunto de presunción entre los propietarios de dichos aparatos.
Pero sucedió que el primero de mayo de 2000 esta “disponibilidad selectiva” (nombre con el que conocemos a la intencional falta de precisión en los GPS) desapareció.
La noticia fue esparcida rápidamente, en especial por grupos de aficionados. Uno de ellos escondió un tesoro y comunicó a sus amigos las coordenadas. Pocos años más tarde, millones de personas practican esta forma de deporte-turismo-hobbie-juego.
Hoy, segundo sábado de agosto, geocachers de todo el mundo celebran el Día Internacional del Geocaching, y lo hacen como saben: buscando tesoros.

¿Qué es el geocaching?

Itzel mostrando un contenedor pequeño

Itzel mostrando un contenedor pequeño

Etimológicamente el geocaching proviene de dos voces distintas: geo (latín, tierra) y cache (francés cubrir, esconder). La definición más aceptada es: “Actividad de esconder y encontrar tesoros con la ayuda de un GPS”. Y, por más señas, eso es.
Actualmente, la comunidad del “geocaching” mantiene activos cerca de dos millones de tesoros en todo el mundo y es practicado por miles de personas.
¿Qué lo hace tan popular?
La simpleza del juego: descargas los datos del caché por el que vayas a ir y vas a por él. Lo encuentras y, cuando regreses, lo reportas. Hecho.
Puede realizarse en familia o en solitario; en la madrugada o a mediodía; en Morelia o en Moscú. Puedes escoger buscar uno tan difícil como en la Estación Espacial Internacional, o uno tan sencillo como detrás de la placa de la fuente del centro. Pero sobre todo, puedes esconder tus propios tesoros.
¿Qué se necesita para jugar?
Un dispositivo que tenga GPS, tiempo, agua y ganas. Actualmente hay en el mercado una gran cantidad de dispositivos que cuentan con GPS integrado y que funcionan muy bien para practicarlo. Aunque hay dispositivos especialmente diseñados (hechos por Garmin y Magellan, por ejemplo) lo cierto es que el iPhone de Apple se ha coronado como el rey.
También es necesaria una cuenta en alguno de los portales que organizan la actividad, ya sea Opencaché o Geocaching.com.

Más información en la red:
Geocaching.com
Es el sitio de geocaching más popular del mundo. Hay dos tipos de suscripción, la gratuita y la de paga; con las dos se puede participar sin ningún problema. En México hay cerca de dos mil tesoros presentados en esta página.

Opencache.com
Es, por decirlo de alguna manera, la competencia “libre” de geocaching. Al ser libre, no cuenta con los recursos mercadológicos o técnicos de geocaching.com lo que la gace una experiencia menos sofisticada. En México no hay muchos geocachers que usen esta opción.

Geocacheando en el Nevado de Tolucq

En medio de la nada, un caché

Has caminado tres kilómetros bajo el sol y el GPS dice que te faltan 1.4 más en línea recta. Haces un cálculo deprisa y crees que, si sigues la vereda, más o menos en 30 minutos llegarán en el punto cero. Estás en Los Filtros, en Pátzcuaro, o en cualquier parte de México… o del mundo.
Tu pareja va unos metros detrás de ti. La condición es no perderse de vista. Hace rato que dejaron de charlar. Hay que contener el aliento y pensar en el regreso.
Detenerse a descansar es incómodo: moscas y mosquitos revolotean para saciarse contigo. Te limpias el sudor y sigues adelante. Recibes una botella con agua, bebes y la regresas.
No hay más camino. La pendiente se ha hecho pesada y faltan 500 metros. Revisas los datos del GPS de nuevo y te das cuenta que el auto está a ocho kilómetros hacia atrás.
—¿Qué hacemos aquí?—, le preguntas a tu pareja mientras pasa de ti; te da un par de palmadas en el hombro.
—¿Datos? —te pide. Revisas el dispositivo.
—450 (metros), 65 (rumbo).
—Debemos verlo desde aquí —dice jadeando y mirando al mismo lugar que tú.
Miran el horizonte arbolado tratando de calcular cuántos serán 100 metros. Hacia allá se dirigen. No hay camino ya y caminan entre maleza. Rocas en el suelo. Están cerca. “50 metros —gritas—. Ahí, ¡es el árbol!”.
Corren al árbol con la energía que les queda. Tiras la mochila y sacas la tableta. Lees en voz alta las instrucciones. No ves el cielo enfrente. No ves el paisaje. Buscas en el piso. Sabes que tu pareja hace lo mismo. “Contenedor grande, bajo rocas en la base del árbol”. Hay cien árboles, piensas y escuchas el grito,“Lo tengo”.
Sucio, el tupperware lleva cinco años escondido. En su interior encuentran lo de siempre: “Un par de muñequitas, unas canicas, un llavero, un parche, el cuaderno, y dos TB”. Tomas el parche y dejas unas cazuelitas de cobre que llevaste. Tu pareja toma una muñequita y un TB. Deja un par de pulceras de madera. Firman el cuaderno, toman algunas fotos y, tras guardar todo, esconden de nuevo el caché en su sitio. Está hecho.

El geocaching que no me gusta…

Publicado: 6 agosto, 2010 en Geocaching
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Geocacheand en el Centro Ceremonial Otomí

Geocacheando en el Centro Ceremonial Otomí

He querido hacer una entrada aquí para hablar del geocaching, pero, a decir verdad, no quiero explicarlo más a fondo que decir que se trata de un juego mundial que utiliza la red satelital del ejército gringo para encontrar y esconder tesoros (si quieres más información, entra aquí o aquí).

Este mes cumplí un año de participar y, para que quede en registro, he encontrado 70 cachés y escondido 6 (cinco en Toluca y uno en Durango) y desde el primeo he sentido la fascinación por buscar y encontrar cosas en todas partes. (más…)